5. Arrullos del corazón.
Llegaron a una pequeña casa en los suburbios, parecía demasiado para una mujer soltera y muy pequeña para una familia, pero suficiente para un par de nuevas amigas con sus propios problemas por resolver.
—Mi casa es tu casa —dijo Jimena extendiendo sus manos como mostrándole de esa forma el interior—. No te cobraré renta, pero sería lindo que me ayudaras un poco con el desorden y las cuentas…
—Eso tenlo por seguro… Dejaré la escuela y…
—¡No! ¡¿Cómo crees?! ¿Qué estudias? —preguntó Jimena con