Sofía se acomodaba el vestido frente al espejo, lo alisaba con las manos mientras la pequeña Clara la veía con asombro. El corazón de la pequeña iba a mil por hora, la ilusión de ver a su madre de blanco se apoderaba de su cabeza.
—¿Te gusta? —preguntó Sofía viéndola por el reflejo del espejo.
—Es muy bonito —dijo Clara llena de emoción.
—¿Crees que le guste a tu papá? —preguntó modelando para su hija.
—Tiene que amarlo. Después de todo no costó cinco centavos —dijo Eugenia entrando con