El jardín detrás de la mansión Drakos estaba envuelto en un silencio inquietante. Las sombras de la noche se entrelazaban con la luz tenue de las farolas, creando una atmósfera de tensión palpable. Florin estaba como perro de guardía, pendiente que Vladislav no siguiera actuando con agresividad. Vladislav permanecía de pie frente a Adara, sus ojos brillaban con una furia que parecía consumirlo por dentro. El aire fresco de la noche no era suficiente para calmar la tormenta que rugía en su inter