La noche sobre las tierras de la manada Drakos parecía contener la respiración.
El cielo era un manto profundo, azul oscuro, cruzado por nubes lentas que ocultaban y revelaban la luna como si temieran mirarla de frente. El bosque murmuraba. Los árboles, ancianos y testigos, inclinaban sus ramas cargadas de rocío mientras un viento frío cortaba el aire y llevaba consigo un presagio.
Algo se acercaba.
No… no era algo, sino alguien.
El portal no surgió como una explosión. Se abrió como una herida