El jardín detrás de la mansión Drakos estaba bañado por una luz pálida, una mezcla entre la luna y las lámparas que iluminaban la oscuridad. El aire frío de la noche parecía cortar la piel, pero la temperatura interna de Vladislav estaba aún caliente. Su rostro estaba marcado por la furia contenida, por la ira que aún ardía en su interior, parecía invadir cada rincón de su ser. Frente a él, Adara estaba rígida, su mirada reflejaba miedo, pero también una gran confusión, un reflejo perfecto de l