Con la intención de no detenerse, Vladislav volvió a apoderarse de los labios de Adara, mientras se dispuso a quitarle la blusa botón por botón. De repente, la voz grave de Varkar en lo más recóndito de su cabeza, resonó profunda y autoritaria.
—Vladislav… No es el momento. No puedes tomarla aún.
El sonido de las palabras le hizo estremecer, un latigazo de furia corrió por su cuerpo. Intentó ignorar la invasión en sus pensamientos, pero fue en vano. Sabía que Varkar, a pesar de todo, tenía la ca