—¿Estás segura de ir? Allá seguro va a estar ese sujeto —le advirtió Vladislñav a Adara.
Había llegado la mañana, y ambos estaban bajo total tensión. No se veían a los ojos, y solo hablaban porque Adara fue a su despacho a avisarle que saldría. Vladislav se alteró cuando ella le dijo que iría al bufete.
—Seguramente, pero no voy a esconderme de él toda la vida —le dijo ella—. Christian debe aceptar que no quiero estar a su lado, y yo no voy a vivir aquí para toda la vida. Tengo mi espacio.
—Si