El silencio tras la batalla era engañoso. El bosque parecía contener la respiración, como si la tierra misma temiera lo que estaba por venir. El resplandor rojo en el horizonte crecía, expandiéndose como una herida abierta sobre el cielo.
Florin fue el primero en sentirlo. Su cuerpo se tensó, y sus ojos se encendieron en alerta.
—Lo que sea que estoy sintiendo espero que ustedes también lo sientan —dijo en voz alta al colocar su mano sobre la manilla de la puerta del todoterreno que venía manej