CAPÍTULO 55 – Sombras en la empalizada
Lucy llevaba una bandeja con jarras de agua y algunas raíces secas hacia el salón de reuniones. Nadie la detuvo. Nadie le pidió que se marchara. Era "la pequeña Lucy", la joven humana que siempre estaba allí, una pieza del mobiliario doméstico que no representaba amenaza alguna.
— El flanco norte sigue siendo nuestra mayor preocupación —la voz de Atuel era un trueno contenido tras las pesadas puertas de madera—. Es el terreno más escarpado, pero también el que tiene más puntos ciegos para los centinelas.
Lucy se detuvo frente a la puerta, fingiendo ajustar la bandeja. Pegó el oído con una delicadeza que solo el miedo y el resentimiento pueden otorgar.
— He reforzado el cambio de turno a las tres de la mañana —continuó Iker, el Alfa, con ese tono de autoridad que solía hacer que Lucy se encogiera. Pero hoy, lo que sentía era una fría determinación—. Atuel, quiero que el grupo de Kuarahy cubra el claro de los robles viejos. Si esos intrusos vuelven