CAPÍTULO 58 –- El silencio de los cielos
En el centro del patio, bajo la sombra del Gran Roble, Iker permanecía con los brazos cruzados, escuchando el relato de Kerana. Tao estaba a su lado, con la mandíbula tan apretada que los músculos de su cuello parecían cuerdas a punto de romperse.
— Entonces no se trataba de odio entre clanes —murmuró Iker, su voz era un eco sombrío que parecía nacer de la misma tierra—. Las masacres del norte, el exterminio de los Shade… no fue una guerra de conquista. Fue una cosecha fallida.
Kerana asintió, con la mirada perdida en las cenizas de una fogata cercana.
— Camilo Ardeon no buscaba tierras, Iker. Buscaba el origen. Mi pueblo, los "Despertadores", teníamos la capacidad de otorgar dones a quienes no los tenían. Camilo masacró a mi familia porque no pudo someterlos. Prefirió destruirlos a dejar que ese poder existiera fuera de su control. Pero ahora sabe que yo soy el último eslabón biológico.
— Quiere tu sangre para inyectársela a sus mercenarios —i