CAPÍTULO 60 – El regalo de Camilo
En la plaza central, el espectáculo era desolador. La angustia del segundo hijo del Alfa era tan potente que su don se había vuelto contra el mundo. A medida que Yvyra caminaba hacia el centro, la hierba se tornaba negra bajo sus pies. Los rosales que adornaban los senderos se marchitaban en segundos, dejando caer sus pétalos como gotas de sangre seca.
— ¡Yvyra, detente! ¡Vas a matar el bosque! —gritó Atuel, intentando acercarse, pero la presión del aura de su hermano era como una pared de espinos invisibles.
Yvyra no escuchaba. Tenía los ojos inyectados en sangre y sostenía el colgante roto de Irupe con tal fuerza que la madera le perforaba la palma.
— ¡Se la llevaron! —rugió Yvyra, su voz quebrándose—. ¡Mi ancla, mi vida! ¡Han entrado en nuestro hogar y nadie hizo nada!
Antes de que Iker pudiera intervenir, un zumbido mecánico cortó el aire. Un objeto metálico, de un negro mate que absorbía la poca luz del amanecer, descendió velozmente desde las n