CAPÍTULO 54 – El veneno de la compasión
Lucy estaba sentada en el linde del bosque, sus dedos arrancaban briznas de pasto con un ritmo neurótico, mientras su mente proyectaba, una y otra vez, la imagen de Tao saliendo de la cabaña de Kerana con el rostro transfigurado por una paz que ella nunca había logrado darle.
No era solo celos. Era la sensación devastadora de haber sido borrada. Como si los años de lealtad, las risas compartidas y las promesas silenciosas que ella creyó ver en los ojos de Tao se hubieran evaporado bajo el calor de una forastera sin pasado.
— El silencio del atardecer suele ser un bálsamo, pero en tus ojos parece un grito.
Lucy no se sobresaltó. Ya reconocía ese tono de voz: suave, pausado, con una cadencia que la hacía sentir escuchada incluso antes de abrir la boca. Se giró para ver a Luis —como ella lo conocía— acercándose con su habitual paso ligero de senderista. Ethan la observó con una expresión de preocupación tan perfecta que incluso su pulso latía con u