CAPÍTULO 25 – Una transformación sin control
El cuerpo de Kerana se arqueaba sobre la camilla de madera, su piel se estremecía bajo destellos de luz que parecían surgir desde dentro. Un rugido ahogado se escapó de su garganta, mitad humano, mitad animal.
Arasy sostenía su mano con fuerza, mientras Mainumby, de pie junto a la puerta, intentaba contener la presión del aura que emanaba de ella. La curandera apenas podía respirar; la energía que brotaba del cuerpo de Kerana era más antigua que cual