Mundo ficciónIniciar sesiónAriana siempre ha sabido que su destino estaba sellado por su manada. Como la hija del Beta, su deber era proteger a su gente, incluso si eso significaba ignorar sus propios deseos. Pero el día en que sus ojos se encuentran con los de Killian, el Alfa de la manada enemiga, su mundo se derrumba. El vínculo es inmediato, una llamada irrefutable de la luna, pero aceptar a Killian significa traicionar a su gente. Él es el hombre que ha sido criado para odiar, el líder de aquellos que han amenazado a su manada durante años. Sin embargo, la conexión entre ellos es innegable, y mientras los secretos y traiciones se desmoronan a su alrededor, Ariana se ve obligada a elegir: su lealtad o su amor. Pero en un mundo donde la sangre dicta el destino, desafiar a la luna podría significar la muerte.
Leer másArianaHan pasado algunos años desde que dejamos atrás las sombras del pasado. Ya no vivimos en la constante incertidumbre, ni tememos lo que el mañana nos traerá. Hoy, cuando miro a Killian y a nuestro hijo, todo lo que alguna vez temí parece lejano, como si nunca hubiera existido. Pero sé que no fue así, que todo lo que superamos no se borra, solo se convierte en la base de lo que somos ahora. Y en estos momentos de tranquilidad, de amor, sé que cada sacrificio, cada lágrima, valió la pena.El sol entra suavemente por las ventanas del salón, iluminando nuestra casa, nuestra vida. La casa que construimos no solo con ladrillos y madera, sino con la fuerza de lo que hemos sido y lo que hemos decidido ser. Un hogar. Un refugio.El sonido de los pasos de Killian en la escalera me hace sonreír, como siempre lo hace. Ya no necesito mirar para saber que es él. Su presencia llena el espacio de una manera que es imposible de ignorar.—¿Ya estás lista? —su voz llega suave desde la entrada, esa
KillianEs curioso cómo la vida cambia sin que te des cuenta, cómo pasas de estar atrapado en una carrera frenética por sobrevivir a simplemente estar, a respirar. A veces, cuando miro a Ariana y a nuestro hijo, me pregunto cómo llegamos hasta aquí, a este punto en que la paz se ha instalado por fin en nuestras vidas, reemplazando la tormenta constante que nos perseguía.Hace un par de años, no habría creído que esto fuera posible. No con mi pasado. No con mis errores. Pero aquí estamos, juntos, más fuertes que nunca.Ariana está a mi lado, como siempre. Aunque, por primera vez, no solo la siento como mi compañera, sino como mi igual. Mi ancla y mi viento. Mi todo. Y hoy, mientras la veo cargar a nuestro hijo en brazos, no puedo evitar sonreír como un idiota.Todo lo que quiero, todo lo que necesito, está aquí. Mi familia. Mi legado.—¿Te has dado cuenta de lo que hemos logrado? —me dice ella, acercándose con pasos suaves, los ojos brillando con una mezcla de amor y orgullo.Sonrío, a
ArianaDesperté con la sensación de estar justo donde debía. No era algo que me pasara seguido. Siempre había tenido esa inquietud bajo la piel, ese zumbido sordo que te recuerda que la felicidad tiene fecha de caducidad. Pero esta vez… no. Esta vez sentía la paz como una sábana tibia sobre mi cuerpo desnudo, arropada no solo por las sábanas de lino francés, sino por el peso —cómodo y cálido— del brazo de Killian enredado en mi cintura.Sus dedos dormidos se movieron apenas, como si incluso dormido supiera que no quería que me alejara.Lo miré, tan cerca que podía ver las pestañas enredadas y una sombra de barba empezando a dibujarse en su mandíbula. Parecía más joven cuando dormía. Menos atormentado. Como si el hombre que había enfrentado su pasado con la fiereza de un guerrero pudiera, por fin, descansar.Y, egoístamente, me gustaba pensar que yo tenía algo que ver con eso.Me giré un poco, solo para mirarlo mejor. Dios… qué injusto era. Tenía ese tipo de belleza oscura que hace que
KillianEl silencio.Por primera vez en mucho tiempo, el silencio no era una amenaza, ni un preludio de desastre. No era el filo de una tormenta contenida ni el vacío que llega justo antes del grito. Era simplemente… paz.Ariana duerme a mi lado, su respiración pausada, cálida sobre mi cuello. Su cuerpo, suave y ligero, enredado al mío como si el mundo se hubiera reducido solo a este momento. A ella. A nosotros.Y al pequeño que duerme en la habitación contigua, con su respiración más fuerte que la de ella, como si ya estuviera entrenando sus pulmones para gritarle al mundo que ha llegado.Mi hijo.Sigo sin poder creerlo del todo.No sabía lo mucho que me faltaba hasta que lo sostuve por primera vez. Tan pequeño. Tan jodidamente perfecto.Y ahora… todo lo que soy gira en torno a ellos.—Estás despierto —susurra Ariana sin abrir los ojos.Sonrío. Me descubre aunque intente contener hasta el aliento.—Tú también.—Te sentí pensar.Me río por lo bajo, ronco.—¿Tan fuerte pienso?—Cuando
Último capítulo