BIANCA
La lluvia golpeaba con furia los cristales del despacho de Bianca mientras ella permanecía sentada tras el escritorio que una vez perteneció a su padre. Sus dedos tamborileaban sobre la madera pulida, creando un ritmo nervioso que contrastaba con la aparente calma de su rostro. Frente a ella, tres carpetas abiertas mostraban fotografías, informes y documentos que había estado revisando durante las últimas horas.
El reloj marcaba las tres de la madrugada. La mansión Moretti dormía, pero B