LUCA
La noche caía sobre Milán como un manto de terciopelo negro. Luca De Santis ajustó el auricular en su oído mientras observaba el complejo industrial abandonado desde la azotea del edificio contiguo. A través de sus prismáticos de visión nocturna, podía distinguir a los guardias apostados en las entradas principales. Cuatro hombres en la puerta este, tres en la oeste y dos patrullando el perímetro. Exactamente como habían anticipado.
—Posición asegurada —murmuró al micrófono oculto en su ma