—No deberías estar aquí, princesa —susurra Carlo, su voz apenas un soplo de aire entre los labios partidos.
Lo ignoro.
Mis tacones han quedado abandonados en algún rincón del pasillo, como si fueran lastres innecesarios. Camino descalza sobre el mármol helado, sintiendo cada vibración de mi corazón latiendo con furia dentro del pecho. Cruzo la puerta entreabierta y lo veo. Allí. En esa cama de hospital improvisado dentro de una de las propiedades más discretas de mi familia, con un vendaje oscu