No hay nada más peligroso que una sonrisa bien ensayada.
Lo aprendí demasiado pronto esta noche.
Mi reflejo me devuelve la imagen de una mujer que no reconozco del todo. El vestido entallado color burdeos, los labios perfectamente delineados, el cabello recogido en un moño que grita elegancia, y una serenidad impostada en los ojos… todo es parte del disfraz. Una máscara bien colocada para una función que detesto representar.
La mansión está llena de rostros conocidos. Algunos son familia, otros