El tiempo se encargó de curar las heridas, transformando las cicatrices del pasado en la base de un presente inquebrantable.
Pasaron los meses con una rapidez asombrosa, y con cada amanecer, la relación entre Nahla y William se fortalecía más, consolidándose como un refugio de paz que nada ni nadie podía perturbar. Ambos habían resurgido de las cenizas de la tragedia, transformados en seres más fuertes, maduros y decididos a proteger su felicidad a cualquier costo.
Nahla recuperó con una maestr