—¡Te voy a matar! —rugió, apretando con toda su fuerza—. ¡Te haré pagar por cada lágrima, por cada noche que me dejaste sola llorándola! ¡Pagas hoy, Héctor!
Él forcejeó, los ojos abiertos de sorpresa. Intentó apartarla, pero ella no soltaba. La cara se le puso roja.
—¡Suéltame, loca! —jadeó.
Valentina a —¡Sí! ¡Me volviste loca! —le gritó mientras apretaba—. ¡Me quitaste todo! ¡Me quitaste a mi hija! ¡Me quitaste mi vida!
Sus dedos presionaron con fuerza.
—¡Te voy a hacer pagar! ¿Me oyes? ¡Te ju