La camioneta subió por las laderas de El Poblado, alejándose del ruido del centro hasta que el asfalto pareció volverse más privado. Se detuvieron frente a una estructura imponente que desafiaba la gravedad, incrustada en la montaña.
Valentina bajó del vehículo y se quedó inmóvil. Aquello no era una casa común; era una mansión imponente que dominaba el paisaje. Líneas modernas, muros oscuros y enormes ventanales le daban un aire sofisticado y poderoso. El jardín, perfectamente cuidado, enmarcab