Las semanas transcurrieron con una calma frágil, casi irreal, como si el tiempo hubiera decidido tomarse un respiro después de tantos golpes. Alejandro ya había leído cada página de la historia de Valentina, cada informe médico, sobre Luz.
Conocía las fechas exactas de sus operaciones, los nombres de los médicos que la atendieron, las noches en que Valentina lloró hasta quedarse sin voz.
Al terminar el último documento, algo profundo se movió dentro de él. Esa mujer no era una amenaza, ni una