Valentina cerró la puerta del apartamento con la espalda apoyada en la madera. Durante unos segundos se quedó quieta, como si temiera que todo hubiera sido un sueño. Cristina corrió hacia ella.
—¡Por Dios, Valentina! —se lanzó sobre ella y la envolvió en un abrazo fuerte—. ¿Dónde estabas? Pensé que te había pasado algo horrible. Iba a llamar a la policía ahora mismo.
Valentina se dejó abrazar. Enterró la cara en el hombro de su amiga y respiró hondo.
—Perdóname… perdóname, Cris. No quería preoc