La habitación de Julián estaba sumergida en una penumbra cálida, apenas interrumpida por la suave lámpara de noche. Valentina, sentada al borde de la cama, sostenía un libro de cuentos infantiles. Su voz, dulce y pausada, llenaba el espacio, creando un refugio donde el miedo del accidente parecía haber quedado en el olvido. Julián la escuchaba con los ojos muy abiertos, aferrado a su mano como si temiera que, al soltarla, ella se desvaneciera en el aire.—Lee otra vez la parte del dragón bueno —pide él en voz bajita.—Y entonces el pequeño dragón descubrió que no estaba solo… —leyó con voz suave.Julián sonrió, abrazando su almohada.—Como yo —susurró.Valentina sintió un roce en el pecho, pero continuó. Cada palabra salía firme, aunque por dentro algo empezaba a desmoronarse. Cuando llegó al final del cuento, cerró el libro despacio.—Colorín colorado…—Este cuento se ha acabado —terminó él, feliz.De pronto, una ilustración de una pequeña niña corriendo por un campo de flores golpeó
Leer más