Cassandra salió del baño vestida con un conjunto sencillo, el rostro lavado pero los ojos aún hinchados. Marco ya la esperaba en la puerta. Sin decir palabra, fue escoltada hasta el Mercedes blindado donde Ángelo ya estaba sentado en el asiento trasero, envuelto en una penumbra que lo hacía ver más aterrador que de costumbre.
El auto arrancó, dejando atrás las luces de la ciudad para adentrarse en la oscuridad de las afueras. El silencio era asfixiante, solo roto por el zumbido del motor.
—¿A d