Mientras tanto, en la zona de la piscina, el romance se transformó en tragedia en cuestión de segundos. Zhang y Elizabeth estaban envueltos en un beso apasionado, el agua de la piscina reflejaba la luna, pero de repente Zhang se apartó como si se hubiera quemado.
La voz de su madre, Mein, resonó en su cabeza: "No puedes tocarla hasta que se casen". El peso de la deshonra lo golpeó. Él ya la había hecho suya, había roto la regla sagrada.
—Zhang, ¿qué pasa? —preguntó Elizabeth, confundida.
—He fa