La mansión Di Santi se sentía fría, como si las paredes supieran que la muerte había estado rondando. Ángelo entró en su silla de ruedas con una expresión de piedra, seguido por un Marco que no despegaba la mano de su arma.
—Quiero un informe detallado de los últimos movimientos de Clara —ordenó Ángelo mientras cruzaban el gran salón—. El estrés no nace de la nada. Si Andrea la presionó, quiero saber cómo y si hay alguien más... quiero su cabeza.
Llegaron al despacho. Marco sacó una tableta y m