El sol apenas asomaba por los ventanales del despacho de Ángelo, pero él ya estaba despierto, en su mano, sostenía un fajo de hojas de papel, no eran documentos normales; eran la declaración jurada y firmada de Leonardo desde la enfermería de la cárcel.
Ángelo deslizó el dedo por las líneas escritas con caligrafía temblorosa pero firme. Leonardo no se había guardado nada. Nombres, fechas, cuentas bancarias, el fraude fiscal de la constructora, el desvío de fondos a paraísos fiscales, y lo más i