TRES DIAS PARA LA BODA.
Marco llamó a Ángelo esa misma noche, justo cuando la mansión empezaba a hundirse en el silencio pesado de la medianoche. El teléfono vibró una sola vez sobre el escritorio de caoba, y Ángelo contestó sin mirar la pantalla, sabiendo quién era.
—Señor —dijo Marco, voz baja y controlada—Ramírez está aquí, En la puerta trasera. Está asustado, sudando frío. Trajo una grabación, Dice que Leonardo está despidiendo a todos los que sabían que usted está vivo. Cree que va a borra