En el gran salón de la mansión principal, rodeados de muestras de encaje, catálogos de banquetes y botellas de cristal tallado, Leonardo e Isabella brindaban con una arrogancia que desafiaba al destino. Faltaban solo tres días para la "Boda del Año".
—Todo está listo, mi reina —dijo Leonardo, rodeando la cintura de Isabella con posesividad—. Mi madre ya pagó cada centavo de la ceremonia. Cree que es un tributo a la memoria del "pobre Ángelo", pero en realidad es la fiesta de bienvenida a mi rei