El chirrido de los neumáticos sobre el pavimento de la mansión Di Santi rompió la paz fingida de la tarde. Vicente saltó de la camioneta antes de que frenara por completo, con la ropa empapada en una sangre que no era suya.
—¡ARRIETA! ¡CASSANDRA! ¡TRAIGAN LA CAMILLA! —bramó Vicente, cargando el cuerpo inerte de Wei.
Ángelo hizo rodar su silla de ruedas hacia el vestíbulo, su rostro era una máscara de furia contenida. Ver a Wei, su aliado más valioso, con la camisa blanca desgarrada y un boquete