La luz de la mañana se filtraba por las persianas del hospital, pero para Clara, el mundo seguía en penumbras. Miró la pantalla de su celular por décima vez en una hora; la bandeja de entrada de Wei seguía vacía. Ni un mensaje, ni una llamada, ni un rastro del hombre que la había hecho sentir protegida en medio del caos.
—Todo bien, Clarita? —preguntó Jessica, vestida de civil con unos jeans y una chaqueta holgada que ocultaba perfectamente su arma reglamentaria—. Te noto un poco distraída.
—Sí