La tensión que se había sembrado durante la cena estalló en el momento en que las mujeres se retiraron al salón. Wei y Zhang intercambiaron una mirada de acero. No necesitaban palabras. Con un gesto de cabeza, le indicaron a Ángelo que los siguiera.
Llevaron a Arrieta al despacho privado de la planta baja. El ambiente se volvió gélido. Wei cerró la puerta con llave mientras Zhang se colocaba detrás del doctor como una sombra letal. Ángelo, con una calma que daba más miedo que los gritos de los