El despacho quedó en un silencio sepulcral tras la salida de Ángelo y las mujeres. El aire todavía olía a la adrenalina del enfrentamiento y al perfume de Mein. Arrieta se limpiaba una mancha de sangre del labio con un pañuelo, mientras Wei y Zhang permanecían rígidos, procesando la noticia de que su madre, la gran matriarca de la Tríada, iba a tener un bebé con su médico de cabecera.
Mein dio un paso al frente, cruzando los brazos sobre su pecho, con la mirada encendida.
—¿Qué les pasó por la