Cassandra se quedó temblando sobre la cama, el cuerpo todavía vibrando por el orgasmo que Ángelo le había arrancado con la boca. El agua de la ducha seguía goteando de su cabello y caía en gotas calientes sobre las sábanas. Ella respiraba agitada, los pechos subiendo y bajando, los pezones sensibles y enrojecidos por los pellizcos y la lengua de él. Ángelo la miraba desde su posición sentado en la cama, la espalda apoyada contra el cabecero, las piernas inmóviles extendidas sobre el colchón, pe