David
Ámbar se mantiene en silencio durante el camino a casa. Ahora, en lugar de admirar las luces de la ciudad que tanto le gustan, mantiene la vista fija al frente, como un ser sin vida y sin pensamientos.
O tal vez tiene pensamientos más profundos de lo que puedo imaginar. Jamás sé lo que piensa, ni si es lista o la más idiota de todas. Lo único que pude notar es que la joyería realmente le apasiona, más allá de querer lucirlas, y que tiene conocidos en el medio.
«¿De dónde demonios conoce a