Ámbar
—Te puedo…
—No, no tienes que explicarme nada —le digo, poniéndome de pie. David intenta sujetarme, pero soy más rápida y me aparto—. Eres un mentiroso, me hiciste vivir un verdadero infierno con la culpa que cargaba.
—Lo siento —se disculpa, recuperando su voz normal, esa que tanto adoro—. Estaba decidido a decírtelo hoy, a confesarte la verdad. Por eso te cité.
—Sí, lo sé —suspiro—. Y ahora que la verdad salió a la luz y la confirmé, quiero que nos separemos definitivamente.
—No, no lo