Ámbar
Me estiro en la cama y me levanto, pensando que estoy sola. Por eso, no me importa quitarme la camisa del pijama e ir hacia mi escritorio para desenchufar la laptop que se supone que debí haber puesto a cargar antes de dormir.
Sí, la laptop está allí, pero no conectada. Unos segundos después, recuerdo que solo la aparté porque estaba muy agotada.
—Diablos —susurro.
—¿Así que planeas seducirme por las mañanas? —La voz burlona de David me hace girar en automático y cubrirme los pechos.
No es