Capítulo 122. El despertar del león herido.
Sala de recuperación post-trauma.
Bruno abrió los ojos y lo primero que sintió fue la ausencia. No le dolían tanto las costillas como el vacío a su lado. Se arrancó la mascarilla de oxígeno con un manotazo.
—¡Victoria! —graznó.
Una enfermera intentó detenerlo, pero Bruno la apartó con una fuerza que no debería tener. Se levantó, arrancándose las vías del suero, manchando las sábanas de sangre.
—¡Dígame dónde está mi mujer!
—Sigue en cirugía, señor Ávalos. Por favor...
Bruno no escuchó más. Salió al pasillo, tambaleándose, con el torso vendado y los pantalones sucios. Caminó hacia la sala de espera privada como un animal herido buscando a su manada.
Al abrir la puerta, vio a Camila. Estaba sentada, pálida, con el brazo enyesado contra el pecho. Al verlo, ella se levantó de un salto.
—¡Papá! Se abrazaron. Fue un choque de huesos rotos y almas fracturadas. Bruno hundió la cara en el pelo de su hija, respirando su olor para confirmar que estaba viva.
—Estás bien... estás bien... —murmuró