Capítulo 121. Una verdadera Ávalos.

Camila respiró hondo, componiendo la máscara. Recordó a Victoria. ¿Qué haría Victoria en este momento? Mentiría con la verdad. Usaría la arrogancia y la vulnerabilidad como armas.

—Estábamos durmiendo —empezó Camila, mirándolo a los ojos sin parpadear—. Cortaron la luz. Entraron rompiendo la reja. Eran hombres armados... sicarios. Iban por nosotros. Intentaron secuestrarnos.

—¿Reconoció a alguno? —preguntó Méndez.

—Al líder —dijo Camila, y esta vez no tuvo que actuar el asco en su voz—. Rogelio Montero. Era... era un exsocio de mi padre. Estaba obsesionado con destruirnos financieramente. No sabía que estaba loco hasta esta noche.

—Encontramos al señor Montero estrangulado, según el reporte preliminar de los paramédicos. Y con un disparo en la mano. Eso suena a ejecución, señorita.

El corazón de Camila martilleó contra sus costillas, pero mantuvo el rostro inexpresivo.

—Él iba a matar a Victoria —dijo Camila, y la imagen de su amiga siendo apuñalada le llenó los ojos de lágrimas genui
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