Capítulo 132. La familia que había salvado.
La camioneta negra redujo la velocidad al entrar en la calle de la casa. El motor ronroneaba con esa potencia contenida de los vehículos blindados, aislando a sus ocupantes del ruido de la ciudad, pero no de sus propios recuerdos.
Victoria miraba por la ventana. Sus manos, descansando sobre su regazo, apretaban la tela de su vestido color arena hasta dejar los nudillos blancos.
Reconocía los árboles, las aceras, las fachadas de las casas vecinas. Todo seguía igual. El mundo no se había detenido porque ella hubiera estado a punto de morir. Esa indiferencia del entorno le resultaba extrañamente reconfortante y aterradora a la vez.
—Llegamos —anunció David desde el asiento del conductor, rompiendo el silencio tenso.
Victoria levantó la vista y contuvo el aliento. La casa había cambiado. La reja de hierro forjado original, aquella que la camioneta de Rogelio había embestido y doblado como si fuera de alambre, ya no estaba.
En su lugar se alzaba una estructura imponente de acero negro ma