Capítulo 131. Síntomas.
—¡No! —Camila se enderezó de golpe, lo cual fue un error, porque se puso verde—. No, Victoria, por favor. Si llamamos a alguien, nos van a retener. Van a querer hacerme análisis, me van a poner suero... y no voy a aguantar ni un minuto más en este edificio. Solo necesito aire. Y azúcar.
Bruno la miró con severidad, evaluando la situación. Sabía que Camila tenía razón en una cosa: si pedían asistencia, el protocolo del hospital retrasaría su salida horas. Y todos estaban desesperados por irse.
—David tiene barras de proteína y jugos en la camioneta —dijo Bruno—. ¿Crees que puedes llegar hasta el estacionamiento?
Camila asintió, aunque se veía frágil como el cristal.
—Sí. Solo fue un bajón de presión. Ya se me está pasando.
Se puso de pie despacio. Bruno no la soltó. Pasó su brazo por la cintura de ella, sosteniéndola con firmeza.
—Te vas a apoyar en mí —ordenó él—. Y si te sientes mal otra vez, te cargo. Me importan un bledo mis costillas.
—Exagerado —masculló Camila, pero se dejó so