Capítulo 129. Cicatrices compartidas.
El alivio inicial, dulce y embriagador, poco a poco dio paso a la cruda realidad de la medicina de trauma. Victoria estaba despierta, sí, pero despertar significaba sentir. Y sentir, en su estado, era un recordatorio constante de la violencia que había sufrido.
El Dr. Salcedo regresó al cubículo acompañado de dos enfermeras. Traía un carrito de curaciones metálico que tintineó al entrar.
—Muy bien, familia —dijo el médico con voz suave—. Camila, necesito que salgas un momento. Vamos a realizar