Capítulo 129. Cicatrices compartidas.

El alivio inicial, dulce y embriagador, poco a poco dio paso a la cruda realidad de la medicina de trauma. Victoria estaba despierta, sí, pero despertar significaba sentir. Y sentir, en su estado, era un recordatorio constante de la violencia que había sufrido.

El Dr. Salcedo regresó al cubículo acompañado de dos enfermeras. Traía un carrito de curaciones metálico que tintineó al entrar.

—Muy bien, familia —dijo el médico con voz suave—. Camila, necesito que salgas un momento. Vamos a realizar la revisión de la herida quirúrgica y a checar los drenajes. Puede ser un poco... impresionante.

Camila miró a Victoria, dudando.

—Ve, princesa —susurró Victoria, con los ojos pesados por el cansancio—. Ve a comer algo real con David. Te ves pálida.

—Volveré en diez minutos —prometió Camila.

Se acercó, le dio un beso rápido en la mano a su amiga y salió del box, llevándose consigo la energía juvenil y dejando un silencio adulto y pesado.

Salcedo miró a Bruno, esperando que él también saliera.
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