Capítulo 128. La tormenta había terminado.
Victoria dejó escapar el aire, hundiendo la cabeza en la almohada.
—Libres... —Repitió la palabra como si fuera un idioma extranjero—. Se siente extraño. Como si todavía esperara el golpe.
—Ya no habrá más golpes —prometió Bruno, besándole los nudillos—. Ahora solo nos queda curarnos las heridas.
Victoria giró la cabeza levemente y vio a Camila durmiendo en la silla.
—Ella... —La voz de Victoria se quebró—. ¿Ella está bien? Recuerdo... recuerdo que Rogelio le dijo cosas horribles.
Bruno suspiró, sintiendo el peso de la verdad.
—Sí. Le dijo todo. Que Lourdes y él eran amantes. Que él la mató. Victoria cerró los ojos, dolorida por su amiga.
—Dios mío... Bruno, eso la va a destruir. Ella adoraba a su madre.
—Casi la destruye —corrigió Bruno, mirando a su hija con orgullo—. Pero Camila es más fuerte de lo que pensábamos. Ha estado aquí a pie del cañón. Firmó las declaraciones de la policía, mandó a Nathan a un lugar seguro, me obligó a comer... Se convirtió en una mujer madura esa no