Capítulo 127. El primer amanecer.

Box 3 de la Unidad de Cuidados Intensivos.

Tres días después

La luz del amanecer en la Ciudad de México tenía un tono grisáceo y sucio que se filtraba a través de las persianas cerradas de la UCI, luchando contra la iluminación fluorescente y estéril que nunca se apagaba dentro del hospital.

Para el mundo exterior, era simplemente un jueves lluvioso. Los oficinistas se preparaban para el tráfico, los puestos de tamales humeaban en las esquinas y la maquinaria de la capital comenzaba a girar con su indiferencia habitual. Pero dentro de ese cubículo de cristal, el amanecer se sentía como el primer día de la Creación.

Bruno Ávalos estaba sentado en el sillón reclinable incómodo que las enfermeras le habían permitido meter en el box, apenas se fueron la madre y el hermano de Victoria, los mandó a descansar, porque él quería quedarse con ella.

No había dormido, pero eso no lo importaba.

A pesar de los analgésicos que el Dr. Salcedo le había obligado a tomar para sus costillas fracturadas
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