Capítulo 123. Sobreviviente.
El tiempo se congeló.
El Dr. Salcedo sostenía el cubrebocas quirúrgico en una mano, y con la otra se frotaba los ojos cansados.
Su bata azul estaba salpicada de manchas oscuras en el abdomen, un recordatorio de la batalla que acababa de librar.
Bruno Ávalos se incorporó un poco en la cama conteniendo el dolor, para escuchar las palabras del médico.
—Dímelo —exigió Bruno, con un hilo de voz que sonó más a súplica que a orden—. Dímelo ya, Salcedo.
El cirujano levantó la vista y los miró a los oj