Mundo ficciónIniciar sesión«Él la destrozó hace diez años. Ahora ha comprado su vientre» °°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°° Catrina creyó que el amor de Connor Ronchester era real, hasta que una noche él rompió su corazón. —¿Después de qué? ¿Después de mentirme? ¿Después de esconderme? ¡Tú familia nunca me aceptó, Connor! ¡Quizás este siempre fue el plan, usarme y desecharme! Esa noche, con el alma hecha pedazos, se marchó no solo de la mansión Ronchester, sino de la ciudad que la acogió. Una década después, hundida en la desesperación, acepta ser madre subrogada para salvar a su padre. El donante anónimo: Connor Ronchester. ¿Coincidencia? Para nada. Connor planeó cada uno de sus movimientos, todo para atrapar entre sus redes a aquella mujer que lo consideró un traidor sin darle el beneficio de la duda. Porque para Connor, Catrina nunca dejó de ser suya… y esta vez no pensaba soltarla. ¿Podrá Catrina desafiar al hombre que la rompió, cuando ahora controla hasta su propio cuerpo? ¿Descubrirá la verdad tras su separación?
Leer más—Catrina Castillo. Orden de deportación inmediata —dijo el hombre encapuchado, con las siglas de agente de migración en su uniforme.
¿Cómo…? ¿Qué hacía un agente de migración en mi hogar? Después de tantos años escondiéndome de ellos, desde mi adolescencia, habían dado con mi ubicación. La lluvia torrencial golpeaba las ventanas, evitando que se escucharán los latidos acelerados de mi corazón. —No, debe haber un error. Yo tengo… —El labio inferior me tembló, siendo consciente de que era mentira. No tenía nada. Mi padre y yo habíamos entrado a este país de manera ilegal hace tres años, buscando escapar de la pobreza y los carteles. Nos hemos dedicado a trabajar honradamente, sin molestar a nadie. —Nada —Completó por mí—. Eres una ilegal. Sus manos gruesas sujetaron mis brazos antes de que pudiera reaccionar. —¡No, suélteme! ¡Mi novio es Connor Ronchester, el heredero de la fortuna Ronchester! ¡Él puede arreglar esto! —grité, forcejeando. No podía dejar que me llevarán, que me arrancarán todos los sueños que he tejido. Abandonar a mi padre, quién se encontraba realizando un turno nocturno en su trabajo, afortunadamente. Y Connor… Pensaría que lo abandoné. —Que chica tan ilusa —Soltó una risa baja, cargada de burla—. ¿Crees que no lo sé? Fue el propio Ronchester quien me dio tu dirección. Y me pagó muy, muy bien para que te llevara de vuelta a tu país sin que quedara rastro. Un trabajo limpio. Dejé de resistirme. Sus palabras me paralizaron por un segundo, pero entré en razón rápidamente. Connor jamás sería capaz de hacerme eso. Nos amamos. —Mentira —dije con seguridad. Con un movimiento brusco, sacó su teléfono. Una pantalla brillante me cegó. Allí, un comprobante de transferencia bancaria. Cuenta origen: Connor J. Ronchester. Beneficiario: Departamento de Control Migratorio (consulta confidencial). Cantidad: una cifra con tantos ceros que me dolió mirarla. Fecha: Hoy. Cada dígito era una puñalada. Cada cero. Sentía que sangraba por dentro. —No… —susurré, negando con la cabeza. Mi mente quedó en blanco y él aprovechó la oportunidad para darme la vuelta, colocando mis manos en la espalda. Pude escuchar como abría las esposas. El metal frío rozó mis muñecas. Y fue como un interruptor. Con toda la fuerza que mi desesperación permitió, lancé mi cabeza hacía atrás. Mi cráneo impactó contra su nariz y escuché un crujido, seguido de un grito ahogado. Su agarre se debilitó y no lo pensé dos veces. Corrí. Salí de mi hogar, siendo recibidas por las furiosas gotas de agua. No me detuve. Lo único que pasaba por mi mente era la libertad que me querían arrebatar y Connor, el hombre del que estaba perdidamente enamorada y se intentó deshacer de mí. Mis pies me guiaron a una dirección exacta: La mansión Ronchester. Llegué, empapada, con los dientes castañeando, el frío filtrándose por mis huesos y el corazón a punto de salirse por mi garganta. Las luces y la música se adueñaron de mis sentidos. Al poner un pie en el gran salón, todo se detuvo. Las risas, el choque de copas. Más de dos docenas de pares de ojos cayeron sobre mí. Invitados al cumpleaños del señor Edmundo Ronchester, el padre de mi novio. Mismo cumpleaños al que no fui invitada porque no me aceptaban en la familia. Pero Connor estaba trabajando en ello… o eso pensé. Ignorando a aquellos que me juzgaban, atravesé el salón, buscando al hombre que me robó el corazón hace un año, cuando apenas tenía dieciocho, y quién me lo acababa de destruir. Necesitaba verlo, que me lo dijera a la cara, que terminara de romper lo que estaba construyendo. Y lo vi, al joven pelirrojo de veintiún años. Junto a la chimenea, apartado, con una copa de whisky en la mano y esa expresión pensativa que creía conocer. Nuestras miradas se encontraron a través del salón. Su rostro pasó de la sorpresa a la preocupación genuina, y por un segundo, el comprobante en mi mente vaciló. —Catrina —dijo mi nombre al acercarse, y sonó tan real, tan lleno de esa calidez que me había hechizado. Estuve a punto de caer, de creer en su farsa, pero las palabras del agente abrumaron mi mente, los ceros en la pantalla. La traición me quemaba al punto de consumirme. —¿Cómo pudiste? —La voz me temblaba, ahogándome con las palabras—. Me vendiste. Le pagaste a ese hombre para que me desapareciera. Frunció el ceño, confundido. —¿De qué estás hablando? No, Catrina, escucha… —¡Lo vi, Connor! ¡Vi tu nombre en la transferencia! ¡Le pagaste hoy para que me deportara! —grité, sin importarme los estirados millonarios a mi alrededor. —No, jamás haría algo semejante —Negó con la cabeza. Intentó tomar mi muñeca, pero me aparté. No quería que me tocará. No sólo por la traición, sino porque temía terminar de derrumbarme. Él agrandó los ojos ante mi evidente rechazo. —Connor, ¿por qué la dramatización? —Giré la cabeza para ver a la dueña de la horrible voz. Cecilia Ronchester, la medio hermana de Connor—. Fue lo correcto, todos lo sabemos —Con su gesto arrogante, me miró directo a los ojos—. Querida, es hora de que entiendas. Mi hermano necesita casarse con alguien de su clase. La heredera Cambridge, para ser precisos. Este... apego contigo era tierno, pero tenía que terminar. Y esta era la forma más limpia. Sonrió con malicia. Esta mujer me ha detestado desde el primer día, así que debía estar gozando al máximo con mi sufrimiento. Observé a los presentes, el juicio en sus ojos, las miradas de desprecio. Todos estaban de acuerdo con ella, con lo que me hicieron. Como si yo no fuera una persona con sueños, intentando salir adelante. —¡Cállate, Cecilia! —gritó mi novio—. Eso no es verdad. Pero el daño estaba hecho y yo había visto las pruebas con mis propios ojos. El rico deshaciéndose de su pasatiempo pobre. Y yo, la ingenua que lo confrontaba en público. Mis ojos se llenaron de lágrimas al ver a Connor, su gesto suplicante. Falso, falso, falso. Y eso era lo que más me dolía, que no se hiciera responsable de sus acciones, que siguiera con su actuación de chico bueno. No quería que me viera derramar lágrimas por él. Di media vuelta, escapando del lugar, de las miradas, de mi propio dolor. —¡Catrina, espera! —gritó, pero no me detuve. Corrí por el jardín, cubriéndome una vez más con la fría lluvia. Una mano me tomó por la muñeca, obligándome a voltear. Choqué contra el torso de Connor. —¡Tienes que creerme! ¡No hice eso! ¡Alguien está jugando con nosotros! —¡Me mostró la prueba, Connor! ¡Tu nombre, tu cuenta! ¿Qué más quieres que crea? —¡Que confíes en mí! ¡Después de todo lo que hemos vivido juntos…! —Su voz se escuchaba con fuerza a pesar de la lluvia. Sus ojos verdes mostraban su enfado. —¿Después de qué? ¿Después de mentirme? ¿Después de esconderme? ¡Tú familia nunca me aceptó, Connor! ¡Quizás este siempre fue el plan, usarme y desecharme! Tensó la mandíbula. —¿En serio? ¿En serio piensas que soy capaz de eso? No pude resistirlo más, las lágrimas derramándose contra mi voluntad. —Te vi —dijo con seguridad a pesar del temblor de mi labio inferior—. Lo vi con mis propios ojos. Me soltó la muñeca, como si le quemara. Retrocedió, viéndome como si no pudiera creer lo que escuchaba. —Si puedes creer tan fácilmente que soy un monstruo —dijo, su voz sonando tan fría como el acero, como nunca lo había escuchado antes—. Entonces, quizás nunca me conociste en realidad. Sus palabras fueron como un puñetazo en el estómago. —Quizás no —susurré, con mi orgullo y mi corazón heridos—. Esto se acaba aquí, Connor Ronchester. —Yo no reconozco esta ruptura. Puedes huir, puedes esconderte, puedes intentar odiarme. Pero esto no ha acabado. Un día, tendrás que volver a mirarme. Y para cuando ese día llegue, me aseguraré de atarte permanentemente a mí. Me negué a creer en aquellas palabras. Giré sobre mis talones, caminando sin mirar atrás, dejándolo como parte de mi pasado, porque eso era lo que formaría. Ya que esta misma noche, me iría de esta ciudad y jamás regresaría. «No permitiré que la vida nos vuelva a unir, Connor Ronchester. Te lo prometo»Comí un montón, hasta casi reventar. He estado abusando de la comida desde que me quitaron esa horrible liquida. Connor se bañó conmigo, aunque… él buscaba algo más que bañarse. Tuve que detenerlo cuando tomó mis tetas entre sus manos y restregó su erección en mi culo. Él estaba malherido. Anoche nos salimos de control y por suerte los puntos no se abrieron, pero no podíamos arriesgarnos de nuevo. Terminamos en el hospital, el cual estaba aún muy ajetreado. Los enfermeros no dejaban de correr y la cantidad de murmullos me indicaba que había más personas de las que podían atender. —Por un demonio —Se expresó mi esposo falso detrás de mí. Había insistido en venir—. Pensé que al menos conseguiría un doctor que me cambiara el vendaje, pero creo que no será posible. —Déjeme ver si consigo a un enfermero disponible. Se le puede infectar el vendaje si no lo cambia —Intervino Donovan antes de desaparecer entre el montón de batas blancas. —¿Está bien si yo…? —No sabía como decirle. —
—¡Gracias al cielo! —La voz llegó apenas dimos un paso dentro de la mansión. Los brazos de Scott me rodearon—. ¡Estábamos muy preocupados! Tuvimos que salir de emergencia porque Edmundo llegaba y no podía ver el coche. Estuvimos afuera de la fortaleza de ese hombre, a unos metros de distancia, esperando que ustedes aparecieran. La señora Geraldine llegó hasta donde estábamos para informarnos que ustedes desaparecieron, que no los encontraban en ningún lugar. Dimos vueltas en el auto, pero no lo veíamos en las calles y los celulares seguían sin funcionar. ¡Pensamos que Edmundo los enterró en el patio de la casa! Jamás había visto a Scott tan alterado. Siempre ha mantenido la calma y el control, inclusive ante la terrible herida de Connor. Estuvo buscándonos por las calles. Posiblemente, si no hubiéramos tomado la ruta del bosque, en busca del imbécil de Albeiro, él y Donovan nos encontrarían. —Me alegro que estén bien —Se separó de mí y fue directo a Connor, quién se mantuvo con la
Esto terminaría muy mal. Connor no estaba en condiciones para pelear con nadie. Ni siquiera conmigo, mucho menos con un borracho. —¡Connor, espera! —grité, siguiéndolo. No me escuchó. O fingió o hacerlo. Iba dos pasos detrás de él, intentaba interceptarlo, pero me esquivaba como futbolista. Lo vi recorrer la humilde casa, abriendo la ouerdek baño. Su espalda ancha y musculosa se tensó. —¡Connor, detente! —Quise tomar su brazo, pero me esquivó. —¡Albeiro! —gritó, bajando las escaleras de dos en dos. Exceptuando los gritos de Connor, la casa estaba sumida en un silencio escalofriante. ¿Se habrá quedado dormido? Fue abriendo puerta tras puerta, nada. Ni siquiera estaba en su habitación, pero las sábanas estaban revueltas. ¿Habrá salido? ¿Escapó? Con la cantidad de alcohol que debía tener en la sangre, seguro terminaría haciendo alguna locura. Soltando una maldición, Connor se volteó, enfrentándome. Sus ojos verdes irradiaban de rabia. —No está —declaró, las palabras sali
Los párpados me pesaban, los ojos me ardían, pero no pude dormir. Mantuve la espalda pegada a la puerta, las rodillas pegadas al pecho. La ansiedad en la boca del estómago. Estar bajo el mismo techo que un borracho que intentó lastimarme y actuaba como un completo rechazado era un riesgo latente, pero no nos podíamos ir. Al menos no hasta que amaneciera. Era muy peligroso salir de madrugada, mucho más después de un terremoto. Me pellizcaba a mí misma, trataba de contar chiste. Lo que fuera que me mantuviera despierta. Aunque la ansiedad de pensar que Albeiro entraría a la habitación con un cuchillo en su estado de ebriedad era un buen implemento a la ecuación. _________________ —Catrina —Escuché una voz, masculina y suave—Catrina. Todo estaba oscuro.. Mi cuerpo se movía levemente. ¿Albeiro? Abrí los ojos de golpe, procesando el hecho de que me había quedado dormida. ¡Albeiro entró y…! Mi corazón, que por un segundo había golpeado fuertemente contra mi garga
Los músculos me dolían, crujían y me pesaban. Quería dormir por cinco días seguidos, pero un ruido no dejaba de fastidiarme. Lo escuchaba repetidas veces. Era vidrio chocando con vidrio. Terminé por abrir mis ojos, con pesadez. Connor estaba a mi lado, su cuerpo desnudo en todo su esplendor. La sábana apenas le cubría las caderas. En su pectoral izquierdo continuaba la gasa, por suerte seca y sin el menor rastro de sangre a pesar de todo el esfuerzo físico. Debí resistirme y negarme, cuidar su salud ya que él mismo no se preocupaba con su herida. Pero fui débil y caí ante la tentación. Por un segundo olvidé el insoportable sonido al ver las facciones relajadas de ese imponente hombre. Sin embargo, el ruido volvió, un poco más fuerte. Venía del primer piso… Connor debía estar muy cansado porque no se despertó y eso que desde joven fue de sueño ligero. Con cuidado, me levanté de la cama. En el piso, se encontraba nuestra ropa, regada. Me incliné para agarrar la camisa que me p
Ya estaba harta de fingir, de actuar como si no quisiera esto, cuando condenadamente he soñado con esto durante diez tortuosos años y el odio por él, lo cual era lo único que me mantenía al margen con los sentimientos que desarrollaba, estaban desapareciendo.—A partir de ahora seremos un matrimonio de verdad. En todos los sentidos —dijo contra mis labios. No entendí a lo que se refería, pero tampoco me importaba. Al menos, no ahora. Solo quería sentirlo. Mi vientre, mi coño, mi clítoris. Estaba desesperada. Sentía que mi cuerpo no me pertenecía, que la lujuria me había borrado la razón. —Connor… —Su nombre salió de mis labios como un secreto, una muestra de mi aceptación en este momento pasional. Y eso fue todo lo que necesitó. Gemí al sentir como entraba en mi interior, lento, haciéndome sentir toda su envergadura. Mis paredes vaginales adaptándose al tamaño que recordaba. Ya no me importaba si me escuchaban, solo quería sentirlo como en el pasado. Él es el único hombre con el
Último capítulo