Richard gritó y lo sentí retroceder.
Me atreví a abrir los ojos, observando lo que tenía delante. El hombre se retorcía de dolor, presionándose el hombro, justo donde le inserté el tenedor.
—¡Te advertí que te alejarás de mí! ¡Tienes suerte de que te lo clavara en el hombro, porque mi objetivo era tu yugular! —dije sin sentir pena por el infeliz que soltaba quejidos frente a mí.
Era una amenaza actual y me hizo sufrir mucho en el pasado. Lo menos que merecía era mi compasión cuando yo jamá