Me di el baño de mi vida. Después de estar encerrada en un centro de detención donde veía a las ratas mordisquear los barrotes oxidados, era lo que más necesitaba. En especial, porque necesitaba drenar mi mente, procesar lo ocurrido y pensar en mis futuros movimientos. Y el agua caliente siempre ayudaba con esas tareas.
Una vez que terminé, me coloqué una bata de baño, ya que no tenía nada más. Al salir, un olor cítrico, dulce, salado y especiado, golpeó mi nariz. ¡Comida!
En la mesa del com