Nos quedamos en silencio, pero no había nada de incomodidad. Al contrario, él mantuvo su mano en mi vientre, como si visualizará la vida que crecía dentro de mí, como si se imaginara ver a su hija.
Sería un gran padre. A la bebé no le haría falta nada y estaba segura que sería una princesa consentida.
Por más que fuera un hombre frío y distante la mayoría del tiempo, algo tosco y antipático, no dudaba de que su comportamiento sería intachable frente a su hija. Hasta podría llegar a conocer